Héctor Rincón - Periodista Colombiano - Periodismo Cultura y Literatura Colombiana | Sin vergüenza
560
post-template-default,single,single-post,postid-560,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode_grid_1300,qode_popup_menu_push_text_top,qode-theme-ver-10.0,wpb-js-composer js-comp-ver-4.12,vc_responsive
 

Sin vergüenza

Héctor Rincón

Sin vergüenza

Alejandro Ordóñez es demasiado voluminoso como para que no se le note cuando se agacha, como se ha agachado para intentar pasar invisible en el episodio del ex alcalde de Medellín, Alonso Salazar, y ese gesto aparatoso le ha dejado en ridículo.

No tiene vergüenza. Alto y voluminoso –y de movimientos lerdos y de hablar pesado– Ordóñez ha salido, o intentado salir del asunto, con una declaración que creyó risueña pero que lo retrata de cuerpo entero: dijo que la sentencia del Consejo de Estado que le restituye a Alonso Salazar los derechos políticos y la honra que le había despojado el Procurador, no hay que dramatizarla. Que es normal.

No hubo en esa declaración ni un asomo de asombro ni una palabra en defensa de su decisión revocada. Quizás amparado en el respeto de las instancias judiciales, eso fue todo lo que dijo el Procurador sobre un fallo que había tomado contra un colombiano al que perjudicó de manera grave. Al que quitó sus derechos políticos, al que maltrató y juzgó y enlodó. Y más aún: a quien, al destituirlo como Alcalde y sancionarlo con prohibirle participar en política durante doce años, le cortó la cabeza para ofrecérsela en bandeja a los hampones que Salazar había denunciado. Ordóñez, con aquella estocada, declaró triunfadores a los delincuentes y perdedor a quien asumió con valentía la responsabilidad de denunciar que la campaña política de entonces en Medellín estaba invadida de bribones que iban detrás del gobierno de la ciudad.

O tal vez es que Ordóñez –abotagado y parsimonioso como quien camina con sotana, pero cero zoquete– sabía desde el comienzo que el insulto proferido contra Salazar y, digo yo, contra Medellín, no sólo era una desproporción sino que se le habían ido las luces al proteger con su fallo a los delincuentes. Porque la sentencia del Consejo de Estado, según la interpretación que le han dado, tira a dar: “las decisiones disciplinarias adolecen de falsa motivación jurídica y son contrarias a la Constitución”, dice, y tal entrecomillado permite la lectura experta que le ha dado, por ejemplo, el profesor Jorge Giraldo en su columna de El Colombiano:  “Si esos son los términos de la sentencia (…) la conducta sistemática del procurador Alejandro Ordóñez en este tipo de procesos administrativos ha sido la de actuar blandamente con los funcionarios implicados en relaciones y actividades con grupos criminales y juzgar severamente a todos aquellos que se oponen o denuncian esas alianzas perversas”.

Ordóñez ya había dado muestras de un dudoso sentido del humor o de un elevado sentido del cinismo con declaraciones con las que ha intentado desmontarse por las orejas de asuntos que le comprometen el juicio. Hace un año por esta época encendió una hoguera con una acusación sin nombres propios que algunos de sus allegados calificaron de audaz y señal clara de su pulcritud y su camino predestinado: que muchos de sus críticos en los medios de comunicación se la pasaban de porro en porro. Cuando se le pidieron nombres sobre a quiénes estaba acusando de usar sicoactivos, Ordóñez peló colmillos para exhibir una sonrisa postiza y decir que no, que no era eso a lo que se refería, que él estaba hablando del porro, del ritmo musical, del baile.

Chistoso. ¿Chistoso? Qué va, más bien asustadizo con las consecuencias de sus palabras acusatorias al desgaire, y sin ninguna vergüenza en el caso de Salazar, porque se requiere de una frescura limítrofe con la desvergüenza para lanzarle un ácido a alguien (a Salazar) con una sanción como la que le impuso y poner a un ciudadano a defenderse de delitos no cometidos en la maraña de la justicia colombiana, para después sellar el episodio con un muy irresponsable no, tranquilos, es normal, no hay que dramatizar.

2 Comentarios
  • Alvaro isaza
    Posted at 20:02h, 06 noviembre Responder

    Muy acertado esto del inquisidor

  • Antonio Lozano
    Posted at 19:34h, 31 marzo Responder

    muy acertado análisis. ese tipo es un sinvergüenza.

Publicar un Comentario