Héctor Rincón - Periodista Colombiano - Periodismo Cultura y Literatura Colombiana | La cruzada contra las mentiras
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La cruzada contra las mentiras

La cruzada contra las mentiras

Los tiempos que le soplan al periodismo en este discurso como presidente del jurado del Premio Simón Bolívar.
Un análisis. Una premonición.

 

Señoras, señores,

Los miembros del jurado han delegado en mi el honor que agradezco de hablar por ellos esta tarde ante ustedes. Y ahora, cuando tiemblo aquí subido en este cadalso, entiendo por qué me han agradecido tanto que les lleve la vocería.

En los últimos diez meses hemos hecho juntos un recorrido minucioso por el periodismo que se está haciendo en Colombia en este 2016 determinante.Como se concluye siempre y como dice esa frase de cajón triturada por el uso, el oficio tiene ante sí grandes retos e inmensas posibilidades, pero el examen de lo se está haciendo también me permite llegar a la certeza de que el periodismo goza de una mala salud de hierro, para usar esa metáfora que me gusta y que me esperanza.

En medio de esta desazón que sufrimos, que es la de Colombia toda, el periodismo hoy está teñido por una reincidencia y por una novedad. La publicidad oficial, tan usada como instrumento por los gobiernos de todos los niveles para vender sus simples deberes como proezas, sigue propiciando en los medios abrumadores silencios sobre llagas que se ocultan. Tal es lo reincidente.

Y por trastorno novedoso me refiero a una plaga que está afectando al periodismo y que ha contribuido a este desasosiego que padecemos.

Hablo de las redes sociales, de las indómitas redes sociales, convertidas a veces en el medio de comunicación que para un público incauto remplazan al periodismo, y que pueden ser un arma usada con saña por la maledicencia como se hizo en la reciente campaña del No. O pueden servir a charlatanes trastornados como los que presagiaron la devastación de Colombia por terremotos hace unas noches. Esa confusión entre información y redes sociales abusivas puede terminar por menoscabar al periodismo.

Es cierto que como a ninguna otra industria, a los medios de comunicación la tecnología digital le ha producido una veloz y radical transformación. Estamos en un momento en el cual cuando se habla de redacción no se piensa solo en reporteros infatigables y en redactores virtuosos y en fotógrafos sensibles, sino en ingenieros hábiles para producir mayores ecos a las informaciones que antes se defendían solo con su veracidad.

Este advenimiento es imparable y desde luego no da tregua para la nostalgia. No hay tiempo para rememorar teletipos; y ni siquiera para explicarle a los que llegan cómo era aquello de la máquina de escribir, ese aparato que trepidaba cuando se hundían unas teclas que hacían saltar los tipos de plomo en donde estaban letras y números; unos artefactos a los que le sonaba una campanilla cuando te aproximabas al borde del margen; ese utensilio, en fin, que tenía incorporada la impresora en un rodillo.

Pero para lo que sí habrán de tener tiempo los medios es para la lucha sistemática y vehemente contra las mentiras y la desinformación que se propagan como la amebiasis por esa maraña creada para ser útil pero susceptible a la infamia.

Los medios tendrán que tener tiempo para cazar manipulaciones y calumnias o, al menos, para no hacerles eco y no sumarse a lo que tan clamorosamente llaman viral. Se viralizó, es la medalla que suelen recibir muchas de esas falsedades.

Aunque sean distintos a los virus del siglo XVIII –los de la fiebre bubónica que relató el también gran cronista inglés Daniel Defoe en su Diario del año de la peste–, estos virus de ahora no producen picazón en la piel como la varicela ni dejan rastros de sus manchas rojas como el sarampión, pero sepultan o catapultan reputaciones, según sus conveniencias y confunden a la opinión pública todavía tan proclive a la emociones y tan cándida que aún no distingue la mentira por ramplona que ésta sea.

Los jurados hemos leído/visto/oído varios centenares de propuestas llegadas desde todo el país. Del centro más cómodo a la periferia más atormentada. Del periodismo afamado y establecido hasta el periodismo anónimo que desafía su pobreza con el único instrumento de la pasión; y entre ellos, entre esos periodismos, hallamos destellos que anuncian la huida de los temas que durante décadas han tiranizado los contenidos informativos.

Me explico. Quizás hastiados de prenderle tantas velas a las tragedias y de relatar las tropelías hasta la náusea, pero quizás también porque Colombia ha vivido un tiempo en vísperas de la pacificación, muchos periodistas y medios han comenzado a mirar a otros frentes. No al treinta y cinco no al cuarenta y dos; no al frente veintisiete. Han comenzado a dar cuenta de otros frentes informativos y a dar cabida a una Colombia con otros protagonistas y otros pensamientos.

Abundaron este año en el Premio Simón Bolívar los trabajos que claman atención por el medio ambiente y, por ese mismo camino, han ido apareciendo nuevas voces que traen nuevos lenguajes y nuevos conocimientos. De a pocos los medios han empezado a dejar de usar palabras guerreristas de boletín de granadas de fragmentación y de todo aquel arsenal de jerga militar que ha hecho mella en el vigor y en la neutralidad del lenguaje periodístico.

En mucho del periodismo que se está haciendo asoma por fin el arco iris que somos. En él aparece la ciencia, la honestidad y el esfuerzo como valores dignos de ser erigidos como arquetipos de la nacionalidad, ese trono en donde se había eternizado de manara casi constante una gama amplia de malhechores y de granujas y de embusteros vitalicios.

Ahora los periodistas están también en la búsqueda de saber cuál es el valor de una población de mangle, dónde nace el río Calenturitas y que relación tuvo el islote de Gorgonilla con la extinción de los dinosaurios. Todo por ejemplos. Está hablando la antropología, la geología, la física, la botánica. Vimos trabajos, muchos, que cuentan y muestran la Colombia posible, la que ha vivido en cuclillas ante el peso del oprobio armado.

Se asoma, pues, otro país en estos tiempos, reflejado por un periodismo en vías de una conciencia que lo renueve y que de verdad contribuya a dar la vuelta de tuerca que añoramos.

Creo que si Colombia sale airosa de este pantano construido de egos y de irreflexión; si no se le castiga a Colombia con prolongar su calvario, hay un periodismo listo y ávido para contar un país inédito. Ojalá así sea. Ojalá no se le condene a la sociedad a volver al patíbulo y al periodismo a volver a hacer el registro cotidiano de la destrucción y de las lágrimas de viudas y de huérfanos.

Un finalmente. Finalmente los jurados queremos reconocer al Grupo Bolívar la ocasión de haber podido encontrarnos con el periodismo que se está haciendo ahora en Colombia. Una ocasión que asumimos libres y contentos, y que ha llegado a su fin, por fin, con este amago de discurso que agradezco que hubieran oído al menos sin rechiflas.

 

                                                                                                                                         Héctor Rincón

Noviembre 3 de 2016

Discurso como presidente del Jurado del Premio Simón Bolívar.
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