Héctor Rincón - Periodista Colombiano - Periodismo Cultura y Literatura Colombiana | El otro prototipo
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El otro prototipo

Héctor Rincón

El otro prototipo

Nada de lo que se ha escrito/dicho sobre Nicanor Restrepo ahora que es ausencia y ha comenzado a ser recuerdo, nada es nuevo; nada que él no hubiera escuchado/leído sobre su espíritu pacifista y sobre su brío transformador y sobre esa sabrosura de relator de la vida para la que usaba un verbo encendido, incesante, de palabras precisas y de silencios suaves que nada más hacían que atraparte.

         Nada de lo dicho desde cuando Nicanor partió lo hubiera sorprendido porque muchas veces se lo dijeron, se lo escribieron, y todas las veces él dejaba que le escurriera el elogio, lo desdeñaba casi, con finas gambetas de humor lo eludía siempre y por eso terminó invicto como nadie en un mundo de poder que no lo absorbió, que no se lo tragó vivo, que nunca se lo creyó.

         No estamos pues ante el ritual funerario tan cotidiano en estas tierras mediante el cual purificamos al muerto, le bendecimos y le encontramos virtudes que nunca le fueron reconocidas en vida antes de despacharlo por siempre con destino al olvido. Que fue un gran empresario, se lo reconocieron; que no sólo de balances exitosos sino de transformaciones sociales concibió su vida profesional, se lo agradecieron; que consolidó con coraje e intuición un Grupo Empresarial del mayor prestigio y respetabilidad, quedó para la historia. Marcó una línea ética y una corriente magnética que se ha extendido por las empresas donde su influjo aún late, y a ellas nutrió con su carácter austero que remplazó lo superfluo y lo aparatoso, lo protocolario y lo ceremonioso, por el placer de una conversada sobre libros y autores y cuentos hasta las tres de la mañana, y por excursiones como transeúnte anónimo para poder permitirse el asombro en los laberintos urbanos del mundo.

         De todo eso han estado alimentados los obituarios sobre este personaje encantador que se ha ido joven, pero debió irse feliz. Como se había ido —joven y feliz— de la conducción de las empresas que le encargaron porque tenía otra vida que se debía, la de estudiante extranjero al lado de Clara Pérez, el amor y la compañera a distancia de su andadura gerencial y cómplice cerquitica cuando soltó amarras y se largó en búsqueda del tiempo perdido.

         Puesto a pensar ahora, varios días después de que Nicanor emprendió su viaje hacia el universo, puesto a pensar en él, sonrío por la música que eran sus palabras. Esa manera de hilvanarlas me hace un eco en el recuerdo. Qué acierto en la escogencia de cada una de ellas porque tenía un lenguaje amplio, mezcla de términos en desuso y de muchos otros contemporáneos, atados todos a frases pronunciadas con puntos y con comas, con puntos y coma y con puntos suspensivos que eran esos silencios de los que ya hablé.

         Nicanor hablaba, yo enmudecía. Nada más oídos ponía en las jornadas, siempre escasas, en las que pude disfrutar de este personajón cuyo significado para Antioquia ante Colombia debió tener un alcance mucho mayor. No quiso nunca avanzar por los caminos del poder político a pesar de la promisoria carrera que le auguraban quienes quisieron comprometerlo, por ejemplo, con una candidatura presidencial. Con una convicción férrea, de la que no se movió un centímetro, prefirió vivir su vida a vivir la vida que otros querían que viviera. Ni ministerios ni congreso ni candidaturas. Aceptó la Gobernación de Antioquia por una empatía más intelectual que política con Belisario Betancur y acudió a los llamados de consejerías de paz porque lo poseía la ilusión de una Colombia construida entre todos.

         Digo, quiero decir, que la imagen de Antioquia para Colombia a través de Nicanor Restrepo hubiera sido dócil, estimable, progresista e inteligente, si los patrones que los medios de comunicación privilegian fueran otros. Si privilegiaran el equilibrio, la sensatez, la transparencia, la honradez intelectual, la ética, la estética, y no fueran proclives a preferir al matón, al arbitrario, al incendiario, al tramposo. Y hablo de “Patrones” por hablar de prototipos, por decir arquetipos, por decir paradigmas, por decir patrones.

         Y lo digo porque durante los muchos años en los cuales Nicanor Restrepo hacía, pensaba, proyectaba, hablaba, construía, en fin; su pensamiento, su proyección, su construcción, su verbo, se quedaban en círculos que se deslumbraban con su manera de ser y con su forma de hacer. Mientras tanto, por esos mismos años, los medios hacían que desde Antioquia hacia Colombia trascendieran casi siempre y casi exclusivamente Pablo Escobar y Alvaro Uribe.

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