Héctor Rincón - Periodista Colombiano - Periodismo Cultura y Literatura Colombiana | Autoayuda y autodestrucción
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Autoayuda y autodestrucción

Héctor Rincón

Autoayuda y autodestrucción

         No creo que el presidente Santos necesite la ayuda de la propaganda negra en la que sus más severos enemigos son tan expertos para que al candidato Santos le vaya a ir como le va a ir en las elecciones que ya llegan.

         Santos se basta. Aunque son los agoreros de su desastre (Uribe, Fabio Echeverri y, al anca de ellos, Andrés Pastrana) quienes dicen que no va tener los votos ni siquiera para pasar a la segunda vuelta, no me sorprendería que ese vaya a ser el resultado porque Santos ha resultado ser más mal candidato que presidente lo cual es una proeza.

         Estoy diciendo que Santos no necesita de empujones hacia el abismo porque a ese filo ha llegado solito, impulsado por las autoayudas que surgen de su alma en pena. Y de su tragedia antigua de ser un pésimo comunicador que es, apenas, la confirmación del mal periodista que fue, porque lo fue.

         Hay (ay) que ver/oír la campaña que promueve su candidatura. Un corte de discursos fofos, con voz impostada para transmitir energía y dramatismo y resolución; unas frases que reclaman para sí la gloria del progreso y de la transformación y que son nada más que una suma de embustes bien vestidos pronunciados sin convicción.

         Esas ficciones en video que son laaargas y pasan en horarios triple á, son uno de los puñales que se entierra el candidato. Ha convertido la autoayuda en autogol. Quizás si esos mensajes fueran flash se evitaría la monotonía que transmiten, darían menos tiempo para que le descubran el engaño y no causarían tantas sonrisas burlonas como las que surgen cuando se oye a un culebrero sin verbo. Patético.

         Para quedar en evidencia, Santos se ha autoayudado empleando el sartén que tiene por el mango. Por eso las cuñas son largas. Y por eso ese despliegue de vallas empalagosas, andróginas, con las que quiere venderse como un candidato extraído de las barriadas. Son ridículas –ya está dicho y restregado– esas frases de impostor en las que se presenta como un bacán y exclama qué chimba y promete tener camellito. Todo eso en contravía de su condición de señorito, que nada tendría de malo si la reafirmara, pero que le resulta fatal cuando intenta saltar la cerca y pasarse al otro lado.

         Todo ello –y a ese todo ello súmenle lo de Jota-Jota y su confuso sentido del humor y los bandazos de muchas de sus opiniones–, todo ello, y sin contar a Vargas Lleras, han logrado lo impensable: que un gobernante con el poder en las manos esté caminando en el alambre ante unos contrincantes que no dicen nada y significan poco.

         Ante la fallida puesta en vigencia de esas autoayudas que lo hacen aparecer más que los otros en los medios, Santos depende exclusivamente de que le crean que el proceso hacia la paz va por algún camino. O sea, depende de las Farc. En manos de esos ambiguos negociadores guerrilleros y de aquel incierto diálogo, está el futuro del candidato que, hasta ahora, va camino a autodestruirse.

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Avanza, segura y rápida, la destrucción de Colombia. Los medios la registran solo cuando una montaña sepulta a un grupo de miserables como acaba de ocurrir en Santander de Quilichao o cuando algún camarógrafo trepado en helicóptero toma la extensión de lo que han devastado las minas, las legales y las ilegales.

         Pero la destrucción toda no está registrada ni siquiera por las entidades del gobierno. Apenas censan lo que puede verse y ello ha bastado para que lancen la voz de pánico: el sur del Meta, el noroccidente del Caquetá, el Magdalena medio, zonas de la cordillera Central más el Putumayo, el Guainía y los Santanderes, son los nuevos puntos críticos de deforestación. Dije los nuevos, que se agregan a otros y a otros para formar una perspectiva de desierto como el que conmovió cuando se puso al descubierto la resequedad del Casanare.

         Un reciente informe del Ideam y del Ministerio de medio ambiente dice más. Dice que dentro de los nuevos desastres por la deforestación no pueden dar cuenta de inmensas zonas de reserva (generalmente Parques Nacionales Naturales) porque el conflicto armado les impide acercarse por allí. Pero que por allí hay superficies enormes que han sido ocupadas por campesinos desplazados y que han dejado de ser protegidas.

         Esta tristeza, que la Colombia confortable no dimensiona, es cruel cuando te la encuentras. El primer rastro de ella es un arroyo teñido del color del barro y más allá una quebrada y después un riachuelo. Un paisaje de aguas ya impuras es el que se abre cuando recorres, como recorrí, ese bosque de bromelias a una hora de Tutunendo. A esa primera señal de naturaleza alterada, se va sumando un eco de tierra que se estremece. Un tuntún mecánico que crece hasta sobrecogerte con el quejido que lanza la tierra cuando la perforan, como la hieren aquellos mineros del oro, hambrientos y bisoños, que escarban como pueden y con lo que pueden.

         Así se está acabando Colombia. Por la laxitud de la ley y por la impotencia de la autoridad se van extinguiendo los bosques y contaminando las aguas. Y en medio de ese desamparo, algunas voces claman y una voz habla claro: la del vicepresidente Angelino Garzón, a quien tanto ridiculizan y caricaturizan y denigran, que ruega sensatez: primero es el agua que los metales.

•••

         Corro todos los riesgos para decir lo que diré sobre la nómina que deberá escoger el seleccionador de fútbol de Colombia. Antes de la crucifixión, mis últimas palabras: Mario Alberto Yepes ha hecho una carrera extraordinaria porque es uno de esos futbolistas que antes llamábamos back central y de los que se desprendía toda la seguridad de los equipos atrás y surgía toda la confianza hacia adelante.

         Yepes es una figura estelar en esa zona en la que llueven balones envenenados; esa zona por donde transitan fieras hambrientas que tienen aguzado el olfato para hacerte daño. La región de los relámpagos y de los vértigos en donde se exige concentración y una velocidad mental sin parpadeos. En esa franja de la cancha Yepes se ha distinguido durante su larga vida de futbolista y por eso merece aplausos.

         Pero a quienes ocupan esa zona se les necesita con reflejos más finos que los que, por razones de veteranía, tiene Yepes. Más que reflejos, se requiere intuición, dos dones que se van aquietando con el paso del tiempo y por eso, si se analiza cómo es Yepes en esta época de centellas, se llegará a la conclusión objetiva que muchas veces es superado y que algunas veces, incluso, no ha tenido el instinto de saltar sobre el portero como lo deben hacer tantas veces los zagueros centrales.

         Por eso creo que Pekerman debe estar deseando, en el fondo, que la posible lesión de Yepes le impida ser titular del equipo en Brasil. Que lo convoque, bien. Yepes lo merece. Pero la defensa central del seleccionado de Colombia debe estar cubierta por jugadores más rápidos de piernas y de cabeza y esto también incluye a Amaranto Perea.

Ahora sí, que vengan los clavos.

 

 

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